El esparto puede ayudarnos a conseguir un toque rústico en la decoración de nuestro hogar. Más propio de las casas de campo que de los pisos de la gran ciudad, el esparto es fresco en verano y cálido en invierno.

El proceso de transformación del esparto comienza en el monte, cuando los esparteros lo arrancan en matas ayudados por una especie de palillos. Después de ser recolectado, se procede a realizar la conocida como “tendía”: una vez cortado el esparto se extiende en el suelo para que el sol y el viento lo sequen.

Una vez seco, el esparto se sumerge en balsas de agua para que la fibra se ablande, y al cabo de unos treinta o cuarenta días, se vuelve a tender para su secado. Después, los esparteros someten el producto a un aplastamiento con mazos para desprender la parte más seca y posteriormente se procede a “peinarlo” con rastrillos de púas de acero para separar los haces de fibra. Por último se hila.

El esparto es un elemento decorativo muy singular que puede dar a una estancia un toque muy personal y bohemio. En la pared como elemento decorativo, como friso o como persiana o toldo, el esparto, por su composición, es un material muy fresco que deja pasar el aire pero no el calor.
En nuestro jardín o terraza podemos crear toda una pared a base de esterones (grandes persianas) de esparto que nos ayudarán a conseguir un espacio más fresco y agradable gracias a su porosidad. Estas grandes persianas dejan pasar la brisa, pero no el sol, además cuando aprieta el calor y las horas de sol son muchas, podemos regarlas y obtener un clima todavía más agradable que nos ayudará a soportar de mejor manera el sofocante calor de los meses de verano.
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